Cirugía sin riesgo

Ya hace años le oí preguntar a mi jefe de Servicio, comentando un caso clínico que se había complicado, quién sabía cuál era la cirugía más fácil para un cirujano experto. Antes de que nadie respondiera, él dijo: la apendicetomía. La realizan en gran parte los residentes y habitualmente no presenta  complicaciones. A continuación preguntó, “¿sabéis cuál es la operación más difícil?”. Aquí todos quedamos callados pensando cuál sería aquella gran operación a la que nuestro Jefe de Servicio, Premio Nacional de Cirugía y admirado por su gran destreza y pulcritud en la práctica incluso de aquellas técnicas más complejas, se refería. ¿Sabéis cuál fue su respuesta? La apendicetomía. ¿Y por qué?

Aquí es donde, ahora que llevo muchos años practicando la cirugía, quiero reconocer públicamente la gran lección que nos dio. No hay dos pacientes iguales aunque padezcan la misma patología, ni se dan los mismos condicionantes en todos los casos, ni el cirujano está en las mismas condiciones. ¿Qué es lo que se aprende con la edad? Pues a saber valorar el riesgo que concurre en cada caso y, a poder ser, evitar todo aquello que posteriormente puede presentarse y complicar la intervención, ya sea durante el propio acto quirúrgico como en el postoperatorio.

También es conocida la frase “a grandes cirujanos, grandes incisiones”,  con la que se manifiesta lo mismo. No puede primarse la estética por encima de la efectividad. Hoy en día, con la utilización de las vías poco agresivas como la laparoscopia o la endoscopia, la frase anterior tiene menor sentido pero no lo pierde del todo.

Debemos afrontar cualquier acto quirúrgico con las mayores garantías de éxito y sin dejar margen a la sorpresa.  Esto pasa por una mejor preparación por nuestra parte, por utilizar los mejores medios, pero también pasa por prevenir las posibles complicaciones.  Hay que prevenir la infección quirúrgica que popularmente se denomina “el virus de quirófano” y que no es tal virus sino la posibilidad de que algún germen del que sea portador el paciente u otro procedente del equipo quirúrgico, del instrumental o del ambiente en donde se desarrolla la intervención pueda colonizar en el campo quirúrgico. Hay que prevenir complicaciones respiratorias, problemas urinarios y vasculares. A poder ser, se debe reducir peso ya que la obesidad siempre comporta mayor dificultad en la intervención.

Esta prevención del riesgo quirúrgico es la gran enseñanza  que los que tenemos cierta edad estamos obligados a dar a aquellos cirujanos jóvenes que, con gran ilusión y formación técnica, se consideran suficientemente preparados para resolver cualquier afección.

En Quirúrgica, aún tenemos pequeñas cosas que ir subsanando pero somos un gran equipo en cantidad y en cualidad. Y lo más importante, con gran capacidad de análisis lo que facilita la comunicación entre nosotros y que los mayores arropemos a los más jóvenes en la toma de decisiones. Por otra parte, ya llevamos tiempo con un programa de prevención que incluye desde la pérdida de peso antes de la intervención hasta la mejora de la respiración o el aprendizaje de técnicas de movilización pare evitar o reducir el dolor y prevenir posibles embolias. Además, se aconseja siempre al paciente para que llegue mejor preparado al acto quirúrgico lo que, en según qué casos, puede ser una ayuda en el postoperatorio.

“Prevenir es curar”

 

Contingut elaborat per l'equip mèdic de Quirúrgica

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